Saltar al contenido
Creative/Studio.dev
← Volver al blog
// Estructura

Mi web tiene más de 250 servicios: cómo organizarla

Un catálogo de cientos de servicios no cabe en una web sin volverse inmanejable. Cuáles merecen página propia, cuáles van al buscador y cuáles al blog.

·10 min de lectura·Rafa
Compartir

Si tu negocio tiene cientos de servicios, no hagas una página para cada uno ni los metas todos en una sola. Lo que funciona es repartirlos en tres sitios: página propia solo para los diez o quince que de verdad facturan, un buscador con precio y duración para el resto, y el blog para ir ganando visibilidad poco a poco. Antes de nada, agrúpalos: casi nunca son 250 servicios reales.

Te cuento cómo se decide cada cosa y en qué orden.

Contenidos

El problema del menú de restaurante chino

Un catálogo enorme no ayuda al cliente: lo bloquea. Cuando hay demasiado donde elegir, la gente deja de elegir y se queda con lo que ya conocía.

Todos hemos vivido esto. Te sientas en un restaurante chino, abren el menú, y son doce páginas con doscientos platos numerados. Los miras por encima, pasas tres hojas, te agobias y pides el arroz tres delicias de siempre.

No es que la carta sea mala. Es que es tan grande que deja de ser útil.

Con las webs de servicios pasa exactamente igual. Un centro de estética me pasó su lista de servicios: eran más de 250. Cada uno legítimo, cada uno con su precio, cada uno con alguien que lo pide. Y todos juntos en una página forman un muro que nadie lee.

El resultado es doble y ninguno bueno. La clienta que entraba decidida a reservar una limpieza facial acaba llamando por teléfono para preguntar. Y la que podría haber descubierto un tratamiento nuevo no llega nunca hasta él.

¿Por qué no puedes hacer 250 páginas?

Por presupuesto y, sobre todo, por mantenimiento. Crear 250 páginas cuesta una fortuna, y mantenerlas actualizadas y con contenido propio es materialmente imposible para un negocio pequeño.

En teoría, lo ideal para posicionar sería una página por servicio. Cada una con su texto, sus fotos, su precio.

En la práctica, hazte la cuenta. Aunque cada página costara 20€ —que no cuesta—, son 5.000€ solo en construirlas. Pero el dinero es el problema pequeño.

El grande es qué pasa después. Subes el precio de un tratamiento: hay que cambiarlo en su página. Cambias la duración: otra vez. Dejas de ofrecer un servicio: hay que quitarlo y redirigir su URL. Multiplícalo por 250 y entenderás por qué esas webs acaban llenas de información desactualizada, que es peor que no tenerla.

Y hay algo más. Google no premia el número de páginas, premia que cada una aporte algo. Doscientas cincuenta páginas casi idénticas, con dos líneas de texto cambiadas, no posicionan: se quedan sin indexar o compiten entre ellas.

¿Y por qué tampoco vale meterlos todos juntos?

Porque para Google eso es una sola página, y una página no puede posicionar para 250 búsquedas distintas. Acaba sin aparecer para ninguna en concreto.

La reacción natural al párrafo anterior es "pues los pongo todos en la página de servicios y listo". Y ahí aparece el otro extremo del problema.

Google entiende de qué trata cada página. Si una página habla de depilación láser, de masajes, de uñas, de tratamientos faciales y de doscientas cosas más, no trata de nada en particular. Cuando alguien busca "depilación láser en Madrid", esa página compite en desventaja contra otra dedicada solo a eso.

Así que tienes dos opciones malas: inviable por un lado, invisible por el otro. La salida no es elegir una, es dejar de tratarlos a todos igual.

Paso 1: no son 250 servicios

Antes de decidir nada, agrupa. En casi todos los casos, un catálogo de 250 líneas son veinte o treinta servicios reales multiplicados por zonas, duraciones o packs.

Este es el paso que casi nadie da y el que más simplifica todo lo demás.

Coge la lista y míralas de cerca. "Depilación láser axilas", "depilación láser ingles", "depilación láser piernas completas", "depilación láser labio superior". Eso no son cuatro servicios: es uno con distintas zonas. "Masaje 30 minutos" y "masaje 60 minutos" es uno con dos duraciones.

Cuando terminas el ejercicio, esas 250 líneas se convierten en algo así:

  • 18 familias de servicio
  • Cada una con sus variantes de zona, duración o pack
  • Y quizá cinco o seis que no encajan en ninguna familia

De golpe el problema ha pasado de ser inabordable a ser manejable. Y ojo: las variantes no desaparecen, siguen existiendo y siguen reservándose. Lo que cambia es cómo se organizan.

Paso 2: ¿cuáles merecen página propia?

Los que más facturan y los que más se buscan. Normalmente entre diez y quince. El criterio no es cuántos servicios tienes, sino cuáles te dan de comer.

Mira tus números de los últimos seis meses y ordena por facturación. Vas a encontrarte lo de siempre: un puñado de servicios concentra la mayor parte de los ingresos.

Esos son los que llevan página propia. Con texto de verdad, fotos, precio, duración, qué incluye, qué esperar, y respuestas a las dudas típicas de ese tratamiento.

Un par de matices antes de cerrar la lista:

Algún servicio puede facturar poco y merecer página igualmente, si es de los que la gente busca mucho y sirve de puerta de entrada. Alguien que entra por un servicio barato acaba contratando otro.

Y si trabajas por zonas, algunos merecen su versión local: "depilación láser en La Latina" compite contra muchos menos que "depilación láser en Madrid".

Diez o quince páginas sí se pueden escribir bien, mantener actualizadas y hacer crecer. Doscientas cincuenta, no.

Paso 3: el buscador para el resto

Los servicios que no tienen página propia viven en un buscador: el cliente escribe lo que necesita, ve su precio y su duración, y reserva con un botón. Sin pasar por ningún listado interminable.

Aquí es donde se resuelve la parte que el SEO no toca: la experiencia de quien ya está en tu web.

En lugar de una lista de 250 líneas, el visitante tiene un campo de búsqueda y unos filtros. Escribe "uñas" y le salen los cuatro servicios que le interesan, con:

  • Una descripción breve de qué es
  • El precio
  • Cuánto dura
  • Un botón que lleva directo a reservar ese servicio

Ese botón es la clave. El problema de los catálogos grandes no es solo encontrar el servicio, es lo que pasa después: la clienta lo encuentra, tiene que ir a otra página a reservar, elegirlo otra vez de un desplegable, y por el camino se distrae o se cansa. Cada paso de más pierde gente.

Y hay un efecto secundario que no esperas: el buscador te dice qué busca la gente. Si cincuenta personas al mes escriben un servicio que apenas ofreces, acabas de encontrar tu próxima página.

Puedes ver cómo funciona esto en la práctica en la demo de web para centros de estética, con un catálogo de 38 servicios.

Paso 4: el blog, el motor lento

El buscador convierte a quien ya está en tu web. El blog es lo que trae gente nueva. Son cosas distintas y hacen falta las dos.

Conviene tenerlo claro, porque es donde más se confunde la gente: un buscador, por muy bueno que sea, no te posiciona. Para Google sigue siendo una sola página.

Los servicios que no tienen página propia entran en Google por otra puerta: escribiendo sobre ellos.

Un artículo al mes sobre un tratamiento concreto —qué es, para quién, cuánto dura, qué notarás, cuánto cuesta— es una página nueva que sí puede posicionar, y que enlaza a su servicio en el buscador. A los doce meses tienes doce puertas de entrada que antes no existían.

Es lento y por eso casi nadie lo hace. Esa es justamente la razón por la que funciona: la mayoría de tu competencia abandona a los dos meses.

Cómo queda todo junto

QuéDónde vivePara qué sirve
Los 10-15 que más facturanPágina propiaAparecer en Google
El resto del catálogoBuscador con precio y reservaQue lo encuentren y reserven
Servicios nuevos o de nichoArtículos de blogTraer tráfico nuevo cada mes

Y el orden de trabajo, si empiezas de cero:

  1. Agrupar el catálogo en familias
  2. Elegir los diez o quince principales por facturación
  3. Montar el buscador con todo el catálogo y botón de reserva
  4. Escribir las páginas de los principales
  5. Un artículo al mes, sin prisa pero sin pausa

Los tres primeros puntos se hacen en el proyecto inicial. Los dos últimos son trabajo continuo, y son los que marcan la diferencia al año siguiente.

Si quieres una idea de lo que cuesta montar algo así, lo desgloso por niveles en la guía de precios para autónomos.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos servicios debería tener en mi web?

Todos los que ofrezcas, pero no todos de la misma forma. Los principales con página propia, el resto accesibles desde un buscador. Ocultar servicios que sí prestas nunca es buena idea.

¿Un buscador de servicios mejora el SEO?

No directamente: para Google sigue siendo una página. Lo que mejora es la conversión de quien ya ha entrado, y eso sí influye de forma indirecta, porque una web donde la gente encuentra lo que busca y reserva manda mejores señales que una donde se va a los diez segundos.

¿Puedo hacerlo con mi web actual?

Depende de con qué esté hecha. Un buscador de servicios se puede añadir a la mayoría de webs, pero la parte de páginas por servicio y su estructura sí depende bastante de la plataforma. Lo explico en plantilla o web a medida.

¿Cada cuánto tengo que actualizar los precios?

Siempre que cambien. Por eso importa que los precios vivan en un solo sitio: si están repetidos en cinco páginas distintas, acabarás con cinco precios diferentes y con clientes reclamando el más barato.

¿Y si mi negocio no es un centro de estética?

El planteamiento sirve igual para peluquerías, talleres mecánicos, clínicas, academias o cualquier negocio con un catálogo amplio. Cambian los servicios, no el problema.

¿Tu catálogo se te ha ido de las manos?

Si tienes decenas o cientos de servicios y no sabes por dónde empezar, el primer paso no es técnico: es ordenar la lista y decidir cuáles son los importantes. Eso se hace en una conversación.

¿Cuánto cuesta una web así en el mercado? Calcúlalo →